ÉTICA Y UNIVERSIDAD

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Ing. Jhison Enrique Romero Romero, Mgs.

Docente de la UPS – Cuenca

jeromero@ups.edu.ec

Introducción

El presente trabajo trata de abordar aspectos fundamentales con respecto a la relación que debe darse entre la ética y Universidad, para ellos se desarrollan dos temas puntuales y muy incidentes en el proceso de formación de los profesionales, estos son el cambio de mentalidad que debe existir en la universidad y por supuesto en su cuerpo docente quienes tiene una de las tareas más difíciles del ser humano, pues ya que es un facilitador y guía que estimula el desarrollo integral de las habilidades de sus estudiantes, generando ambientes y experiencias de aprendizaje donde se exploran preferencias personales para su crecimiento en la sociedad y así formar personas con compromiso ético, independientes, críticas, propositivas y responsables de su entorno. Por otro lado se menciona la necesidad de integrar un aprendizaje ético en la universidad, pues existe un proceso de globalización que si no es bien manipulado podría tener incidencia negativa en el proceso de formación profesional, por ello es necesario abordar y entender estos temas desde una cosmovisión basada en principios éticos, como bien menciona Aristóteles la ética es una reflexión sobre la acción humana en busca de la libertad, y para ello debemos desarrollar las virtudes, que no son más que los hábitos que nos ayudan a tener fuerza, a vivir mejor, a alcanzar nuestras metas, en otras palabras la capacidad de alcanzar nuestra felicidad que no es más que la finalidad de la vida; Aristóteles entiende como ética una reflexión sobre las acciones de las personas en busca de la libertad.

1. Un cambio de mentalidad y cultura docente en la universidad

Las universidades en el Ecuador se encuentran en un proceso transformador, y por ende sus docentes están abiertos a la innovación, al progreso y a la búsqueda de la excelencia, sin embargo hay muchas de ellas que cuidan la tradición y son temerosas a correr el riesgo de cambiar el estilo de hacer y de ejercer la docencia.

El personal docente en las universidades está consciente que el cambio debe darse, no hay necesidad de estímulos; lo que hace falta es voluntad de cambio y garantía de que éste cambio contribuirá a la mejora. Entre estos cambios podemos ubicar aquellos que pueden derivarse del proceso de incorporación de acciones orientadas a la formación en valores o de aprendizaje ético en el mundo universitario. Si bien es cierto que cada vez se insiste con mayor frecuencia en la importancia de incorporar elementos éticos en la formación de profesionales y en el ámbito de la investigación, aún queda mucho por andar si de verdad el objetivo no se limita a la formación deontológica del futuro titulado sino a contribuir a la mejora de su formación personal en sus dimensiones ética y moral.

El sentido ético es la representación de la existencia humana en cuanto es vivida en clave de responsabilidad y de compromiso. Junto a otros niveles de la hermenéutica humana, el sentido moral expresa la peculiaridad normativa de la conciencia y la estructura de la realidad en cuanto deber ser. (UPS-UNADEDVI, 2012), pero anexo a este sentido ético se insiste en el cambio en el proceso de aprendizaje del estudiante y en el diseño de las condiciones que lo hagan posible. De allí que la necesidad de una formación ética en la universidad se ubica en el debate sobre los contenidos de aprendizaje y sobre los estilos docentes del profesorado. Este debate genera procesos de reflexión acerca de la práctica docente, los contenidos que se enseñan, las formas a través de las que se evalúa, y las actitudes que muestra el profesorado en las formas de abordar su tarea y sus relaciones con los estudiantes. (BONI, 2006)

Por lo tanto, la integración de la formación ética en la universidad requiere un cambio en la cultura docente del docente. Sin embargo, esta necesidad, la de una formación ética, no es compartida aún por toda la comunidad universitaria. La universidad está preocupada por diferentes cuestiones que vive como necesidades urgentes, y que le hacen perder a veces la capacidad de distinguir entre lo urgente y lo importante. (VALLAEYS, 2009) Son necesarios más argumentos que ayuden a convencer a aquellos que aún no lo están, y que contribuyan a la promoción de actitudes y acuerdos en el profesorado orientados a la creación de una cultura docente en la universidad capaz de generar una mejora de la calidad y una forma diferente de entender la tarea docente del profesorado, que incorpore no sólo la preocupación sino la dedicación a la formación ética del estudiante. Es posible que estemos viviendo una de las décadas más ricas en la aparición de necesidades sociales y de exigencias de adaptación dirigidas al mundo universitario, y de forma especial al docente universitario.

La ética profesional en la formación del universitario es un referente fundamental; implica considerar los valores profesionales, su apropiación de manera reflexiva y crítica, y, en definitiva, promover en el estudiante los valores éticos de la profesión que va a desempeñar, así como su compromiso con la sociedad. (MARTÍNEZ, BUXARRAIS, & ESTEBAN, 2002), la cuestión es que tanto la ética como la moral son elementos inherentes al ser humano como parte de su personalidad, elementos que se manifiestan en nuestra conducta y permiten orientar y dirigir la vida y accionar dentro del contexto de desarrollo ya sea en el plano laboral, familiar como conductual.

2. El aprendizaje ético en la universidad

Como mencionan (ORTEGA Y GASSET, 2001) La universidad ha sido, desde sus orígenes, la encargada de formar profesionales y especialistas en diversas áreas del conocimiento, y hoy debería ser también la encargada de la formación de auténticos ciudadanos, responsables y comprometidos éticamente con la realidad social que les rodea. Basado en lo anterior, la universidad está llamada a formar ciudadanos éticamente aptos para discutir y enfrentar las problemáticas que se den en la sociedad, el docente debe ser capaz de formar hombres y mujeres aptos para criticar la sociedad y a su vez buscar alternativas de desarrollo que se encaminen cada vez más hacia la integración social. Como bien lo menciona Freire citado en (UPS-UNADEDVI U. , 2012) formar es mucho más que solo desarrollar destrezas y conocimientos. La formación debe basarse en una responsabilidad ética de los docentes en su práctica educativa, por ende el comportamiento ético del docente debe evidenciar respeto por sus alumnos, a través de la autonomía que se les concede para su desarrollo intelectual y afectivo, y bien lo dice Campbell,  Un profesor ético es, por consecuencia, una persona ética. El comportamiento ético del docente debe ser un proceso sistemático como lo explica Freire; desarrollando determinadas virtudes que favorezcan al crecimiento de sus alumnos como la coherencia entre su discurso y su práctica docente, humildad y respeto a las diferencias, atención activa, espíritu crítico, tolerancia, rechazo a la indiferencia, optimismo, afectividad.

Es mención aparte la cuestión sobre el significado que tiene la formación del siglo XXI, considerando dos realidades sociales. Por un lado, el paradigma social, la sociedad de la comunicación y de la información (CASTELLS, 2006), donde se evidencia claramente que el profesional docente debe ser homeostático, su figura ya no corresponde a una persona llena de conocimientos, que desempeñaba en su trabajo una serie de funciones y/o actuaciones profesionales en buena medida cerradas y repetitivas en buena medida analogía realizada por Martínez (MARTINEZ, 2006), el profesional docente debe incluirse en un modelo profesional en continuo movimiento, que tenga conocimientos reales de una disciplina, pero además tenga experiencia laboral, que sea capaz de actualizar conocimientos de forma autónoma, pero así mismo tenga la sabiduría para desechar lo obsoleto. La segunda realidad social es la formación integral de la persona. Como docentes debemos preguntarnos qué se debe incorporar en la formación del futuro profesional al servicio de la sociedad, debe existir un equilibrio entre los sistemas de contenidos (conocimientos, habilidades y valores) se debe enseñar y educar, entonces el docente debe ejecutar un proceso sistemático como lo explica Freire; desarrollando determinadas virtudes que favorezcan al crecimiento de sus estudiantes como la coherencia entre su discurso y su práctica docente, humildad y respeto a las diferencias, atención activa, espíritu crítico, tolerancia, rechazo a la indiferencia, optimismo, afectividad. Pero siempre hay que considerar que formación ética es siempre una construcción colectiva, pudiéndose producirse solo si todos se consideran capaces de desarrollarla, es por ello que la formación ética de los alumnos demanda un compromiso del docente consigo mismo para desarrollar un trabajo responsable; se trata de comprometernos moralmente con la tarea formadora, es decir, no se trata tanto de ser un experto competente, sino de querer serlo y comprometerse a serlo.

Se concluye este trabajo bajo los siguientes apartados:

Es apropiado la existencia de la Ética como eje transversal en la educación superior, que contribuya a potenciar dicho conocimiento y que genere en los estudiantes universitarios una conciencia individual y colectiva en torno a determinados problemas éticos que, sin duda, son susceptibles de aparecer en las distintas profesiones.

Para lograr solucionar los conflictos de valores que se puedan dar en los estudiantes universitarios un docente no solo debe ser especialista en el conocimiento sino también debe saber vivir, y enseñar con ejemplo de vida, la ciencia y la ética a los estudiantes.

El docente es una de los principales artífices para mejorar un país, como bien menciona FREIRE “Si no valorizamos a los educadores, tenemos pocas posibilidades de hacer de este un país mejor”; debe ser un compromiso de los gobiernos de turno para con la sociedad, ya que ser docente incluye un alto porcentaje de vocación y otro tanto de compromiso y auto preparación.

El docente debe tener claridad sobre la formación ética y entenderla como construcción colectiva, pudiéndose producirse solo si todos se consideran capaces de desarrollarla.

El docente debe velar por el bienestar de los alumnos por ello se habla de un compromiso moral con la tarea formadora, siempre debemos guiar a los estudiantes de la UPS con espíritu salesiano y guiados por pedagogía de Juan Bosco, pero sin dejar de lado la elevada carga de conocimientos con espíritu ético, para que al momento de desarrollar sus actividades como profesionales forjadores de una nueva sociedad siempre tomen las decisiones más acertadas y en busca del bienestar social.


 

Bibliografía

 

BONI, A. (2006). La Educación Universitaria. ¿Hacia el Desarrollo Humano? Barcelona: Intermon – Oxfam.

CASTELLS, M. (2006). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Madrid: Alianza.

MARTÍNEZ, M., BUXARRAIS, M., & ESTEBAN, F. (14 de 05 de 2002). LA UNIVERSIDAD COMO ESPACIO DE APRENDIZAJE ÉTICO . Recuperado el 2014 de 06 de 25, de Tecnológico de Monterrey: http://sitios.itesm.mx/va/dide2/enc_innov/doctos/Launiversidad_aprendizajeetico.pdf

MARTINEZ, S. (2006). ETICA DE CIENTIFICOS Y TECNOLOGOS. Mexico: Del País Vasco.

ORTEGA Y GASSET, J. (1 de 04 de 2001). MISION DE LA UNIVERSIDAD. Recuperado el 25 de 06 de 2014, de ESCUELA TÉCNICA SUPERIOR DE INGENIERÍA: http://www.esi2.us.es/~fabio/mision.pdf

UPS-UNADEDVI, U. (01 de 06 de 2012). ÉTICA Y EDUCACIÓN. Cuenca, Azuay, Ecuador.

UPS-UNADEDVI, U. P. (2012). HORIZONTES DE LA ÉTICA EN LA ACTUALIDAD. Cuenca, Azuay, Ecuador: UPS.

VALLAEYS, F. (03 de 08 de 2009). EL DESAFÍO DE ENSEÑAR ÉTICA EN LA UNIVERSIDAD. Recuperado el 25 de 06 de 2014, de Centro de Etica y Responsabilidad Social, Juan Pablo II: http://www.centroetica.uct.cl/documentos/archivos/PDF/A2%2001.pdf

 

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